Cuba, un tesoro en el caribe

Por: Alejandro Romero

Para muchos, Cuba representa un mundo de incertidumbres y una realidad que no conocemos, su historia, marcada por la Revolución liderada por Fidel Casto hace más de cuatro décadas, dejó un país con un enorme potencial congelado en tiempo. Cuando se llega en vuelo a este país caribeño, se hace principalmente a través del aeropuerto Jose Martí de la ciudad de La Habana, el cual a simple vista es pequeño, modesto, por llamarlo de alguna manera, lo cual casi instantáneamente hace recordar esas historias de necesidad y atraso que dicen, hay en Cuba.

Al salir del aeropuerto el calor es fuerte, pero seco y en medio del desconcierto, que es un aprendizaje al mismo tiempo, se identifica a los taxistas, muchos con uniforme, en carros que se ven nuevos o al menos recientes, y no puede evitarse el pensar, esto no es la Cuba que han contado, la de necesidades y pobreza.

En medio del mar de gente y turistas europeos, ¿quién diría que los europeos vienen en tal cantidad a este país?, a lo lejos se ve lo que parecería un restaurante, un lugar donde se podría comprar algo de beber, en este momento es cuando cae en cuenta que Cuba tiene una moneda especial para sus turistas, el CUC o Peso Cubano Convertible. Después de un paso breve por la casa de cambio, un hombre con un aviso en cartón del tamaño de un cuaderno, se ve en la puerta del aeropuerto esperando por alguien, es el conductor que previamente había agendado para el traslado desde el aeropuerto a La Habana hasta el lugar donde me hospedaría, el cual me había recomendado la persona con la cual hice mis arreglos de hospedaje por WhatsApp.

Después de un breve saludo, él toma mi maleta y me indica por dónde ir, ya al salir al aeropuerto, se ve gente negociando tarifas con los taxistas y allí empieza el contraste de realidades. Taxis amarillos, tal vez de fabricación china, estacionados en la salida del aeropuerto hacen perder la ilusión de encontrarse con los clásicos autos americanos de los años 50 o 60, que son tan icónicos en este país. El conductor me pide que lo espere en una esquina, mientras camina hacia lo que parece un parqueadero, aunque esto genera algo de temor, el entregar las cosas a un desconocido, pocos minutos después aparece un Chevrolet Bel Air naranja del 56, que por un momento, el solo verlo deja sin aliento. En este auto, iniciaría la experiencia Cuba.

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Camino a la ciudad, lo primero que se identifica es la buena calidad de las autopistas en Cuba, grandes, al menos de dos carriles, con buen señalamiento, bajo tráfico, aunque esto es propio de un país donde la posibilidad de comprar un vehículo es baja y mucha vegetación. El conductor, un hombre de no más de 30 años luce un reloj dorado, grande, resalta en medio del vehículo que se encuentra increíblemente conservado, sus sillas blancas en cuero, al igual que su timón blanco y grande, hacen de este viaje de una hora, algo placentero y de cierta forma, lleno de glamour.

Una conversación, con el clásico, ¿de qué ciudad de Colombia es usted?, da paso a conocer un poco más la forma de vida de un cubano, en este caso de Alejandro, quien tiene un hijo de 3 años y que por un momento en el afán de buscar algo para beber en medio del intenso calor, estaciona el auto en una tienda de la carretera, que no es más que una casa vieja, con 3 mujeres que nos indican que hay soda de naranja para la venta, a lo cual decido comprar dos, una para mí y otra para él. En este momento, este joven compra un racimo de plátanos, lo cual, aunque curioso, dejo de lado, ya que intento, en mi mente, descifrar un poco las realidades de los presentes en ese momento.

De regreso en el auto, inicia nuevamente el recorrido hacia La Habana con una pregunta, ¿ya almorzó?, a lo que respondo, no, todavía no. Alejandro con una sonrisa, dice, venga coma plátanos mientras llegamos, los compré para mi hijo porque en la ciudad las cosas tienen químicos, no son naturales. Sorprendido y apenado acepto su ofrecimiento y empieza una conversación que va desde “me gusta como hablan los colombianos, ustedes no tienen acento, hablan bonito” hasta, “viniste por poco tiempo, tenemos que planear algo especial para ti”. En medio de la clase de historia, termina un recorrido de poco más de media hora y me dice “llegamos, bienvenido a La Habana”, tras lo cual se empieza a ver una ciudad que colinda con el mar, pero no tiene playa, es malecón. A lo lejos se ve algo de la Habana Vieja, un barrio tradicional donde se encuentra la ciudad amurallada, que indiscutiblemente tiene un parecido estupendo a Cartagena.

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Alejandro conduce de largo por una avenida costera, donde poco a poco empiezan a aparecer autos clásicos de muchos colores, de diferentes estilos, algunos majestuosamente conservados y otros, ya con una visible carga de los largos años vividos. Es un espectáculo único, los turistas orgullosos con sus cámaras posando en un convertible de los 60 de color rosado, transporta hacia una realidad que mezcla la magia de lo antiguo, con la novedad de lo actual.

Siguiendo el recorrido, el detalle de la arquitectura de los edificios genera de cierta manera un choque emocional, ya que por fuera muchos de estos, por no decir la mayoría, se ven afectados por el tiempo y la falta de mantenimiento, con lo cual a primera vista se podría llegar a la conclusión que nadie debe vivir ahí por seguridad. Sin duda, estas palabras regresarían con fuerza minutos más tarde. Alejados de la ciudad, pasamos túneles, otra sorpresa para un país que se dice no tiene amplia infraestructura y a los pocos minutos, Alejando, el conductor, indica que el viaje ha terminado.

Al bajarme del carro, recuerdo detallar el edificio donde sería el hospedaje, veo su entrada principal, de dos puertas con dos ventanas cuadradas grandes, de las cuales una estaba rota y la otra no existía, para luego levantar la mirada y encontrar un edificio blanco viejo, golpeado por los años y la inclemencia del clima tropical, lo cual inmediatamente me hizo pensar “nadie debe vivir ahí por seguridad”. Entre todo esto, escucho una voz desde una ventana que dice “entra y usa el elevador, piso 4”. Saliendo del elevador, una mujer, mulata, con un pareo lleno de color, me saluda muy amablemente y abre la puerta de su casa.

Al entrar la sorpresa es única, un apartamento totalmente remodelado, grande, con una vista espectacular de la bahía de la ciudad abre sus puertas para mí y en medio del momento de reconocimiento, la mujer que abrió la puerta se presenta, “soy Maruchi, mucho gusto y bienvenido, ¿te muestro tu cuarto?”. Al acceder, empezamos a hablar de la vida en la ciudad, de cómo en La Habana está congelada en el tiempo para muchos, de cosas para hacer, lugares para recorrer a lo cual, Maruchi dice “tú vas a estar pocos días acá, yo te recomiendo que hagas un tour en auto, lo pagas por horas y que te lleve a los sitios icónicos y ya tú decides que te gustaría conocer más”. Sin dudarlo, acordamos con Alejandro el tour y salí en busqueda de descubrir La Habana.

Este joven inicia su recorrido diciéndome, “vamos a peinar la ciudad de extremo a extremo, no te preocupes por el tiempo, yo no soy como otros conductores, vamos a visitar sitios sin perder tiempo, para que no tengas que pagar demás”, es obvio que en todas las ciudades los turistas son una fuente de ingresos bastante abundante. Después de un “listo, vámonos” estamos en camino por la zona de las antiguas mansiones de la ciudad, casas grandes que alguna vez pertenecieron a familias millonarias de la época de la revolución, que se vieron obligadas a vender sus tierras al gobierno o abandonarlas y que hoy son embajadas, de allí se llega a un barrio de un artista local, el cual ha rendido homenaje con su obra al artista español Antonio Gaudí, durante cuadras, azulejos adornan las fachadas de las casas y los pisos dando un toque mágico y de imaginación a este espacio.

Para este momento, ya adentrándose la tarde, Alejandro sugiere que vayamos a la plaza de la revolución, es 1º de mayo y en la mañana se había realizado el tradicional discurso que Fidel Castro inmortalizó durante décadas. Al llegar allí, una plaza gigante espera por los turísticas que llegan en diferentes autos clásicos, sin imaginar que un hermoso Ford de los años 30 o 40 estacionaria al lado. Fue inevitable disfrutar esta vista por unos minutos. Al volver al momento, ya concentrados en la historia, Alejandro empezó a narrar como estos actos proselitistas son mayormente diseñados por el gobierno que trae a ciudadanos desde las provincias para llenar las calles, para lo cual les provee transporte y alimento y una advertencia para que quien no vaya, sepa que perderá un día de sueldo. Contemplando el monumento al Che Guevara, se inspira y comenta “él si fue grande, él tenía ideales”.

Continuando el recorrido, se llega al Cañonazo, un sitio icónico de la ciudad donde cada noche a las 9:00pm, haya lluvia o no, se dispara una bala de cañón, como recordatorio de la historia de la ciudad, que en época de piratas, cerraba sus puertas para evitar invasiones nocturnas y sus ciudadanos eran avisados mediante este disparo que era hora de ingresar. Aquí, el sol ya se estaba ocultando en el horizonte, maravillado por el juego de luz, el contraste naranja de cielo con la piedra de las murallas a lo lejos, crea un espectáculo que deja sin aliento.

Ya con ansias de comer, Alejandro se dirige a un restaurante cerca, donde al entrar se escucha a un grupo de mujeres jóvenes, tocando chachachá, su ritmo, voz y belleza es inigualable, llegan la comida, un plato de ropa vieja, y un mojito, el placer del gusto al paladar es único, una cena que hace honor a las grandes cosas que tiene Cuba, su gente, su cultura, su comida.

La noche termina en un recorrido a pie por la Habana Vieja, el centro de la capital donde las murallas resaltan y los edificios antiguos se juntan para dar vida a bares y restaurantes pequeños, donde el común es la música en vivo, el ron y la comida, a lo largo de este trayecto, hay parques, plazas, teatros y museos, que representan lo que será el día dos en esta ciudad, donde espero con ansias probar un habano cubano, uno real, con un ron al lado, viendo el ocaso al lado del malecón.

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